El paria que con vidrios limosnea
siente la obligación de hacer;
mientras uno va en su mundo,
mientras uno va ajeno a sí mismo.
Siente la miseria del abandono,
el rechazo de miradas confusas
aún cuenta con ilusiones y descaro,
a pesar de vivir en la frontera del inframundo.
Esa envidia aceptable lo confunde,
ignora que su comida es gloria
cuando en nosotros es costumbre;
solo esta atado a su presente
y a un dejo de pasado, más que historia;
teniendo hogar y pertenencias, abolimos,
o intentamos, pasado anclado y futuro vendido.
Buscamos pretextos para el rechazo,
en él, el rechazo es su pretexto
para jugar a vivir y soñar con morir.
Intentar el suicidio es su costumbre
cuando nuestras costumbres llevan al suicidio.
Sólo va lacerado, solo y distante
viviendo en el umbral de si.
Decidamos de una vez:
vivir al extremo de un suspiro o,
suspirar para seguir viviendo.
Quieres tu sitio web?
Crea tu Ventaja Web!